domingo, 22 de julio de 2007

Esquema para otra homilía



Hoy hemos leído en la Misa el conocido pasaje de Marta y María.

Marta, la “correpasillos”, la eternamente agobiada, la que se desvive por Jesús. A Marta yo me la represento gordita y corretona. Y cuando le reprocha a su hermana que no la ayude en el servicio, la veo con las manos en jarras, entrañablemente gruñona.

María es la segunda. ¿Por qué siempre la imagino como si fuera una de mis antiguas alumnas de 1º de bup? Debía de ser casi una adolescente. María escucha y se empapa de cada palabra de Jesús.

¿Y Lázaro, dónde está? Lázaro es el pequeño de la familia, pero no aparece en la escena. Quizá ya estaba enfermo o había salido al campo.

La casa de Marta era grande, tenían incluso un sepulcro en el jardín, que era todo un signo de riqueza, algo así como tener garaje. El Señor llegaba siempre sin avisar en compañía de un buen grupo. Y allí se alojaban todos. ¡Pobre Marta, tenía razón para enfadarse!

Sin embargo, en la homilía de hoy, no he hablado del contraste entre las dos hermanas, sino de aquello que les une: son “amigas” de Jesús. Sólo eso, nada menos que eso. Y he citado el conocido aforismo de Cicerón: amicitia pares aut accipit aut facit, la amistad nace entre iguales, y si no son iguales, los iguala, los pone al mismo nivel.

Ser amigos de Jesús es ser amigos de Dios, ser elevados hasta el Cielo para vivir a la altura de Aquel que nos dijo: “no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor. Os llamo amigos, y os cuento todo lo que me ha enseñado mi Padre”.

Las antiguas mitologías siempre trataron de poner a sus dioses al nivel de los hombres. E imaginaron unos seres grotescos, llenos de miserias. Nuestro Dios se ha acercado a los hombres de otra forma: se hizo Hombre, y tan amigo de sus amigos, que nos hace divinos, nos endiosa.

¡Si nos dejáramos…!

2 comentarios:

Rocío Arana dijo...

Joooo con entradas como ésta no puedo. Es que toca demasiado, es demasiado buena. Duele y hace feliz, no sé. Tengo que volver a leerla.

Boo dijo...

Pues yo ,que no soy bajita ni regordeta,me siento muchas veces como Marta,pensando que con una manita que echara cada uno a mí se me haría el trabajo más liviano.Y es que debe ser que todos llevamos algo de Marta y de María y nos puede una de las dos en distintos momentos de nuestra vida porque no acabamos de compaginarlas.Pero si las dos son amigas de Jesús...pues vale! aunque a mí siempre me ha picado un poco la "preferencia" por María.