miércoles, 18 de julio de 2007

Ser cura (XIV) ¿Dar la vida?




La noticia está en todos los periódicos, Yo la he leído ayer por la tarde, cuando me disponía a escribir unas líneas para el blog sobre la alegría del sacerdote:

“El sacerdote Tomás Pérez Escudero, de 75 años y natural de Hinojosa del Duque (Córdoba), fue encontrado muerto ayer sobre las 10.30 en su domicilio de Villafranca de Córdoba, municipio del que era párroco desde 1975. El cadáver estaba en el dormitorio sobre un charco de sangre. Sobre el pecho tenía un calefactor portátil con el que, según las primeras investigaciones, fue golpeado.

Un hombre de nacionalidad rumana fue detenido a media tarde en la estación de autobuses de Madrid como presunto autor del crimen.

El párroco era conocido en el pueblo porque solía prestar ayuda a quien se lo pedía, y todo parece indicar que había dado alojamiento en su casa a esta persona, como solía hacer con muchos inmigrantes.

La última vez que alguien vio vivo al cura fue el domingo por la noche, cuando acudió a casa de una vecina para pedir algo de pan, ya que iba a cenar acompañado”.

Si todo ocurrió como parece, es evidente que don Tomás se ha ganado el Cielo entregando su vida por amor a un hermano. Es un mártir de la caridad.

Sin embargo, la historia me suscita algunas preguntas. Quizá a vosotros también.

¿Hasta qué punto debemos confiar en la buena fe de los demás? Cuando se acercan tantas personas a pedir ayuda a los sacerdotes, ¿debemos ser cautos y desconfiar? ¿Es razonable entregarse al prójimo abriéndoles los brazos y el corazón sin tomar precauciones?

El domingo pasado leíamos la parábola del buen Samaritano. Allí se habla de un sacerdote —un levita de la Antigua Ley— que, cuando vio al hombre herido, miró para otro lado y pasó de largo.

Mientras tanto, en las playas de Canarias siguen apareciendo cayucos. Prometo escribir algo sobre esta cuestión. ¿Me ayudáis con vuestras opiniones?

13 comentarios:

Benita Pérez-Pardo dijo...

Creo fiememente que Dios no se deja ganar en generosidad. Cuando las cosas se hacen por Dios siempre se sale ganado, aunque sea en la otra vida.

También pienso que Dios nos dió la cabeza para pensar y que el sentido comúnes el menos común de los sentidos. Por eso creo que bueno compartir las buenas intenciones y dejarse aconsejar por una persona "solvente" (intelectual y moralmente).

Altea dijo...

Mi opinión es que el amor al prójimo no está reñido con la prudencia. Hay cosas que se ven venir, en cuyo caso no creo que haya ninguna obligación de hacer el primo.
Hay otras veces que es más difícil distinguir. A uno le pueden dar de repente una puñalada trapera que no esperaba, y en ese caso es un riesgo que hay que correr. Hay sacerdotes ejerciendo en cada zona, que tendrían que tener en su minuta el plus de peligrosidad.

Boo dijo...

Si,ser el buen samaritano supongo que no ha sido fácil nunca,y delimitar los límites de la prudencia tampoco.En algunos paises de Africa cuando llega un extranjero con muy buenas intenciones y aterrado ante las situaciones que ve,le aconsejan no dar dinero a ningún chaval de los que se acercan a pedir porque si no los demás le matan para quitarselo.Qué hacer,mirar hacia otro lado? sinceramente me lo he preguntado muchas veces y confieso que yo lo hago cuando me piden por la calle.Como no vamos a ir "pidiendo el curriculum" me imagino que lo más sensato será encomendarse al Espíritu Santo y con la prudencia que uno tenga actuar,como en los demás ámbitos de la vida en que también te engañan.También supongo que para los sacerdotes el tema es más difícil por su actitud pública de servicio permanente.

Anónimo dijo...

En Madrid, junto a la Catedral de la Almudena, hay un albergue para inmigrantes. El Albergue lo llevan el padre Enrique, sacerdote de la catedral y una hermanita. Todas las noches de invierno recogen a muchísimos inmigrantes. Pero el año pasado dejaron de acoger a los nacionales de un determinado país. Cuando les pregunté el por qué, me contestaron que porque "no eran buenos", robaban a los demás y generaban peleas. Antes de negarles la entrada, y por lo conflictivos que eran, en pleno mes de enero, decidieron cambiar las reglas. Bendecirían todos los días todas las salas y, todos los días habría una Misa para todos los que quisieran pasar allí la noche. Sólo tendrían que estar callados, pero asistir. Ese día, los nacionales de ese país, a 5 grados de temperatura, decidieron dormir fuera, en la calle, al raso. Que cada uno interprete las cosas como quiera.

Mónica dijo...

Ser cura es grande, pero también difícil, ¿verdad?

Por un lado me parece a mí que no se puede ayudar a todos, todos, porque somos humanos y tenemos límites. Siempre terminaremos fallando a alguien, siempre habrá alguien que no comprenda las decisiones que tomemos. Para mí que con los curas esto es aún peor; es como si hubiera gente al acecho esperando a pillarles en un renuncio.

Por otro lado, para ser santo (cura o no), el truco está en ver el mundo a través de los ojos de Dios, hablar su idioma. Intentando descubrir la gramática divina que mueve el mundo descubrimos que ciertas cosas antes importantes, dejan de serlo: ¿qué valor tienen unas vacaciones a todo trapo, una carrera laboral brillante, un cuerpazo diez, una salud de hierro, un doctorado, la vida misma?

Creo que es Dios quien debe marcarnos el ritmo. Nosotros hemos de esforzarnos por saber en cada momento cuál es ese ritmo.

Joaquín dijo...

Cuando leí la noticia, se me vino a la mente, como una ráfaga, la muerte que tuvo otro sacerdote, francés, el beato Charles de Foucauld.

jmn dijo...

Pero Cristo, daba, daba, daba y no preguntaba qué iba a hacer el ciego con su vista recuperada o qué iba a hacer el leproso ahora que estaba limpio. Hombre, un mínimo de prudencia es evidente, pero dar, dar, dar. Se imagina usted a Nuestro Señor diciendo algo del estilo de "vale tronco, ¿y si te curo qué vas a hacer oon lo curado?" Pues eso.

Ah, morir por el Amor, qué privilegio

Verónica dijo...

La verdad es que a mí la parábola del Buen Samaritano siempre me espolea la conciencia. Pienso, ¿estoy haciendo yo de verdad, de verdad, todo lo que puedo hacer por quien me necesita? Por lo que se refiere a los que tengo cerca o que se cruzan en mi camino, creo que, al menos, lo intento. Y si no lo consigo, pues con la ayuda de Dios, vuelta a empezar.

Pero, ¿y qué pasa con el pobre de la esquina, y el del cayuco, y el drogata que te pide cada domingo, etc. etc? ¿Qué tenemos que hacer ante esas situaciones los cristianos, llamados por el Bautismo a ser "otros Cristos"? Creo que la entrada de jmn es certera, y pone el dedo en la llaga; la Beata Teresa de Calcuta lo dijo con otras palabras: "dar hasta que duela".

Anónimo dijo...

Esta es la mejor prueba del fundamentalismo católico cordobés. Todo el mundo sabe que el rumano y el cura, mantenían relaciones INTIMAS.Y todo el mundo en Villafanca sabe que no era la primera, ni la segunda, ni la tercera vez, que el cura había tenido problemas del mismo tipo, inluso con menores. Había sido investigado por la Guardia Civil, al respecto. Pero como estamos en Córdoba, en temas de la Iglesia, la omertá siciliana, la ley del silencio. Y la hipocresía y doble moral de la Iglesia y de los políticos, que sabiéndolo todo, van a rendirle homenaje. FALSOS, TRAIDORES. ¡Con lo que dice y hace la Iglesia con los "fieles".

Enrique Monasterio dijo...

Querido (aunque cobarde) anónimo:
Los que os permitís el lujo de insultar, buena cosa sería que dieseis la cara. Digo, yo.
En el texto he escrito que "si las cosas son como parece..."
No tengo más datos que los que da la prensa, y, en principio, me los creo. La frasecita "todo el mundo sabe" suele preceder a la mayor parte de las calumnias.
Y cuando uno ejerce de portavoz de "lo que todo el mundo sabe", se convierte en transportista de basura.
Si, además, el "transportista" extrapola los hechos (reales o imaginados) para aplicarlos "a la Iglesia" entera..., se comprende que además de difamador es un sectario sin remedio.
No haré más comentarios a tus anónimos salivazos. Es más, los quitaré de aquí, salvo que des la cara, para que no ensucies el blog.

Cristina V dijo...

Me dirijo al ¡COBARDE ANONIMO !Soy Católica,Cordobesa y nada fundamentalista.Por desgacia,en estos tiempos en que vivimos,hay muchos transportistas de basura y difamadores (como dice Don Enrique)pero no podreis con una institucíon de más de dos mil años,así que no desfigures una noticia sembrando aquí tu mala cizaña.
Aunque no te lo creas y no te guste ,rezaré por ti.

Anónimo dijo...
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Enrique Monasterio dijo...

Como ya anuncié, hoy he suprimido otro comentario del valiente "anónimo" que ataca a la Iglesia. Cuando dé la cara podremos hablar.