miércoles, 18 de enero de 2012

Aterrizaje


¡Estabas tan contento! Te veías fuerte de cuerpo y espíritu; sincero, alegre, trabajador. Incluso humilde, sin alardear, por supuesto, para no hacer el ridículo. Además eras elocuente, ingenioso y muy simpático.
No hacías la oración del fariseo, pero alguna vez te aproximaste peligrosamente a aquel “te doy gracias, Señor, porque no soy como los demás hombres”.
Ahora, en el hospital, ha bastado una sencilla operación quirúrgica para que empieces a comprobar que sí eras como los demás, sólo que con mejor salud. Y cuando te sorprendes de que te cuesta ser fuerte, humilde, valiente y alegre, te he contestado que ya iba siendo hora.
―Agradece a Dios que te conceda la oportunidad de ejercitar esas virtudes como un mortal cualquiera. Bienvenido a la tierra, amigo.

3 comentarios:

Relicary dijo...

Uf, relato fuerte de buena mañana, pero no le negaré que he vivido esa experiencia de cerca.

En general, nos cuesta aceptar las cosas que salen mal si todo va bien. O está el otro extremo, que es vivir siempre asustado, temeroso, de que ocurra algo malo en la vida.

Cada día ocurren cosas buenas y malas para nosotros, pero las malas, que puede ser algo tan simple como perder el autobús que te lleva a trabajo, pueden quizás hacer que uno rece o piense a pequeña escala que no somos súper-seres.

Un señor mayor, amigo mío, fue jubilarse y venirle todos los males. Le ha costado dos años recuperarse, pero entre todos le hemos animado a luchar y enfocar su enfermedad de un modo similar al que dice usted, tratando de fomentar virtudes que creía que tenía de sobra.

¡A los buenos días!

Miriam dijo...

Tb es mi experiencia... y de no hace mucho
La sensación fue de volver a la casilla de salida... cuando yo creía que estaba ya a mitad de tablero
Creo que lo mejor será q el Jefe me consiga, al menos en mi último día, uno de esos de puente a puente o de oca a oca...

Maximiliano María (Lukas Romero) dijo...

Muy buenas, Enrique.

Sólo quería decir 2 cosas:

1ª, que me encanta tu escritura de siempre, y no sabes lo contento que estoy de haber descubierto que tienes un blog (sí, ya sé que suena a fan emocionado, pero es que es verdad...).

2ª, me encanta la reflexión. Creo que sencillamente da en el clavo: no se nace virtuoso, se llega a ser. Y el esfuerzo por llegar a serlo es constante. Es un autoengaño muy poderoso creer que "ya somos". En realidad, tras esto lo único que hay es la incapacidad de mirar dentro y darnos cuenta de que necesitamos ejercitarnos para ser mejores, que aún no lo hemos conseguido, que nuestras debilidades y miserias aún ganan muchas veces la partida.
Me hace gracia que llames a ese descubrimiento "aterrizaje". Sí que lo es... pero muchas veces e un aterrizaje que conlleva un fuerte golpe en el trasero.

Saluda a Kloster de mi parte.

Maximiliano María (Lukas Romero)