martes, 26 de mayo de 2009

Diario del lunes, después de un plácido domingo


Los chavales están de exámenes y yo aprovecho para pasar la ITV (Inspección Técnica de Vehículos) del Polo que cabalgo habitualmente. Treinta euritos cuesta la broma y dos horas largas de cola. El coche y yo aprobamos la revisión por los pelos y regresamos al cole. Consuelo a un par de afligidos y felicito a ésa que siempre saca sobresalientes en todo y encima es buena y guapa.

Al llegar a casa me entregan un paquete: es el último libro de Enrique García-Máiquez, “lo que ha llovido”, con una cariñosa dedicatoria en la que me llama “cuentista”. Sí que ha llovido, querido tocayo, a pesar del cambio climático. Se trata de una selección de sus entradas en “Rayos y Truenos”, el blog más famoso de los de mi barrio. ¿Haré yo lo mismo? Si no fuera por esta maldita pereza…

Abro el libro y compruebo que puedo picotear en todas las direcciones. Mal asunto; quería trabajar un poco antes de comer, pero la tentación me vence.

De pronto suena el “skype” en el ordenador. Videoconferencia de Tomás desde su habitación, que está a seis metros. ¿Estamos todos locos? Probablemente. Me dice que tiene problemas, que no le funciona la cámara: el enemigo ha sembrado cizaña en su portátil y la ha desconfigurado.

Arreglamos el entuerto y me dispongo a almorzar. Antes abro una carta con los recordatorios de la 1ª comunión de mi amigo José María, el hijo mayor de Benita. El chaval está guapísimo y la mar de serio.

Me llama Matías desde la clínica donde está ingresado. Le digo que iré a verle si puedo, y pienso que tendré que poder. Y he podido. No se llama Matías, pero os pido que recéis para que se cure del todo y en todos los sentidos.

David me ha dejado un críptico mensaje en el móvil: “pon vino”.

—¿Dónde, cuándo, cómo lo pongo?

Le llamo y no contesta.

A las 18,30 llego a la calle Velázquez. Debo subir al 4º piso, pero el ascensor está averiado desde hace 6 días. Me lo tomo con calma: peldaño a peldaño, trato de subir despacio para no sofocarme en exceso. De pronto oigo que me siguen unos pasos femeninos que llevan un ritmo bastante más rápido. ¿Qué hago? ¿Soportaré la humillación de comprobar cómo me adelanta una señora de edad provecta? Recurro a un truco vergonzoso: me detengo, saco el teléfono móvil y finjo que hago una llamada importante. Mientras converso con mi interlocutor imaginario, me da alcance una cincuentona de aspecto casi atlético.

—Buenas tardes, padre…

—…tardes.

El resto del día transcurre como siempre, dentro de un confesonario. A las diez de la noche, ya en casa, especulamos sobre el partido del próximo miércoles. Kloster asegura que el Barça ganará sin despeinarse.

Mañana, romería en Molinoviejo. Esta oropéndola me está esperando.





13 comentarios:

Adaldrida dijo...

¡Menudo día bien aprovechao! Felicidades por esa ITV.

Isa dijo...

Qué cosas le pasan don Enrique, así imposible aburrirse; ¡si escribiera sus memorias sería un best-seller (pero de los buenos)!
Rezaré por "Matías".
Me alegro de que el coche esté bien...

Autoayuda dijo...

Muy bonita la escoropéndola. Insisto.

Pierre Nodoyuna dijo...

A Matías nuestras oraciones. Qué sabemos de Bernardo? Nació Carmen? A quién se parece? Cómo está la madre?....La familia cibernética les felicita por la venida al mundo de semejante tesoro.

E. G-Máiquez dijo...

Ojo, le llamo "cuentista" porque usted se autorretrata así en su perfil, eh. Si no, yo jamás me habría atrevido...

Mago dijo...

Rezaré por Matías para que se nos cure. Ahorita mismo lo pongo entre mi lista de encomendados.

Anónimo dijo...

Pues vaya pensando en publicar un libro con las entradas de su blog, porque se leen muy a gusto.

Enrique Monasterio dijo...

Es verdad. En mi perfil, Kloster me llamó cuentista. Me va a oír

JUANMA SUÁREZ dijo...

Don Enrique, ¿me permite? ¿Qué tiene usted en contra de los cuentistas? Hace dos mil años hubo uno muy bueno que enseñaba con cuentos..., y mire la que montó. Si a todos los que nos gusta escribir nos diera por ser una millonésima parte de buenos, fieles y valientes que Él, otro gallo nos cantaría...

cristina v dijo...

Lo de la pereza, es un cuento chino, no le da tiempo a tenerla.
Hoy hemos estado de romería y ha venido Ana,no sabe con qué cariño habla de usted.
Por cierto don Enrique, queda mejor cincuentañera que cincuentona.
Rezaré por Matías.

Anónimo dijo...

Hola D. Enrique, soy el padre de Jose María. Sólo aparezco por aquí para darle un abrazo.

Enrique Monasterio dijo...

Oye, anónimo, ¿sabes a cuantos José MaríaS conozco? ¿Quién eres?

cristina v dijo...

Don Enrique,le doy una pista, su mujer se llama Benita.