viernes, 15 de mayo de 2009

El Papa



Tiene ochenta y dos años. Hace sólo cuatro pensó que le había llegado la hora de regresar a su tierra: una vida larga como la suya, de trabajo intenso y fecundo, merecía un retiro confortable. Sin embargo le pidieron que se encerrase hasta el día de su muerte en aquel vistoso e incómodo apartamento de la Plaza de San Pedro, y él obedeció.

Siempre amó el arte y en particular la música. Le gustaba descansar de sus jornadas de estudio tocando el piano al anochecer. Sin embargo, desde aquel día, ha debido emplear todo su tiempo y sus energías en escuchar, predicar, escribir y tomar decisiones para el buen gobierno de la Iglesia. Sigue siendo un maestro, pero su Magisterio ahora se escribe con mayúscula porque ya no es sólo suyo: es la voz de Pedro.

Cambió de nombre, de vestido, de rutinas. Mientras se enfundaba por primera vez la sotana blanca, quizá pensó en las mil pequeñas renuncias que, al final, suelen ser las más difíciles de asumir: pasear por la calle, contemplar a los niños en el parque, ver escaparates, tomar el autobús, sentarse en una sala de espera, reírse con los amigos, comprarse un capricho en el mercado, curiosear en una librería, tomar café en la terraza del bar...

Él ha recordado muchas veces las palabras que Jesús dirigió a San Pedro: “cuando eras joven, te ceñías tú mismo e ibas a donde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Y ha renunciado, por amor y obediencia, a ese mínimo espacio de autonomía personal que todos reivindicamos como expresión de la propia dignidad.

Nada más ser elegido, recorrió a pie unos pocos metros para recuperar de su viejo apartamento algunos libros y, quizá, otros enseres personales. Aquel paseo, tan corriente, fue la noticia del día: ¡el Papa camina por la plaza de San Pedro! Poco después, en una reunión de obispos, se le escapó a micrófono abierto que tenía cita con el dentista. Y de nuevo, los titulares: ¡el Papa va al dentista!

Es un anciano callado y discreto. Dijeron incluso que tímido; pero está en un escaparate permanente. Sabe que muchos juzgan con severidad sus palabras y sus silencios, que no puede siquiera bostezar o estornudar con demasiado ímpetu; que le insultan sus enemigos y no siempre le defienden sus presuntos amigos. Un antiguo fraile escribió que era ambicioso, que, por encima de todo, amaba el poder y la gloria; que quería ser Papa a toda costa.

¡Es tan fácil insultarle! Él no se querella ni denuncia a los que lo calumnian. Ni siquiera tiene derecho a responder con la misma moneda. Un Papa no puede recurrir a la ironía o al sarcasmo para ridiculizar a sus adversarios o burlarse de su estupidez, tan evidente muchas veces. Lo suyo es callar y sonreír, sonreír siempre. Y para que esa sonrisa sea sincera, ha aprendido a comprender, a disculpar, a perdonar, a olvidar los agravios. Esto no le costó mucho: Dios, nuestro Señor, le había dilatado ya el corazón cuando asumió el Sumo Pontificado. Desde la cruz es fácil abrazar, como Cristo, con los brazos extendidos, a toda la humanidad.

Es uno de los intelectuales más sólidos y brillantes de esta vieja Europa en la que ser intelectual no significa casi nada; pero, desde el primer día, han tratado de ridiculizar su pensamiento a base de etiquetas simplonas. Y lo han comparado con Juan Pablo II. Aquél sí que era bueno. Para el laicismo, el mejor Papa siempre es el anterior, el muerto.

Hoy regresa de Tierra Santa. En Jordania e Israel ha recibido el afecto de millares de personas. El viaje —leo— “ha sido todo un éxito desde el punto de vista diplomático”. Sin embargo, no han faltado los odios enquistados, las críticas miserables de los que pretenden hacerle cómplice de sus bajezas.

Este anciano de 82 años ha desplegado una actividad agotadora. Ha hablado con ricos y pobres, con hebreos, cristianos y musulmanes. Y su Magisterio ha sido admirable.

Jesús, antes de padecer advirtió a Simón Pedro:

—“Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo; pero yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca. Tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos”.

12 comentarios:

Isa dijo...

Magnífico artículo, don Enrique, magnífico.
Cuánto hay que rezar por el Santo Padre, pues necesita mucho de nuestra oración y sacrificio, pues lo que Dios ha querido para Él no es tarea fácil, aunque con Dios se puede todo.

Anónimo dijo...

VIVA EL PAPA!!

yomisma dijo...

No todo e mundo tiene que querer al Papa. Si así fuera estaríamos en el Cielo. Por eso es bueno que ladren, luego cabalgamos, como diría Don Quijote. muy impresionante ver al Papa en el memorial del Holocausto en Israel, rodeado de Judíos...Deja vu de Jesucristo. Y los cánticos eclesiales en ¿árabe? en Jordania. Qué grande es la Iglesia!

Isa dijo...

¡VIVA!

Anónimo dijo...

Yo creo que todas esas calumnias, mentiras...son fruto de la envidia! Ya le gustaría más de uno ser como él! Realmente debemos rezar muchísimo por él... qué valor, estar gobernando la Iglesia a los 82 años!!!!

Victoria Luque dijo...

La verdad es que el Espíritu Santo está haciendo horas extras.Todos los Papas del siglo XX han sido impresionantes.¡Cómo cuida el Señor a su Iglesia¡
Saludos, con afecto.

Altea dijo...

Por algo lo llaman "la sala de las lágrimas" al cuarto donde se reviste el papa recién elegido para saludar por primera vez al pueblo.
Tiene que sentirse unos escalofríos...

GAZTELU dijo...

Me encanto el articulo,don Enrique.
GRACIAS

paloma dijo...

Buenísimo artículo, don Enrique.
Con su permiso lo copiaré y lo haré llegar a muchas personas.
Recemos por su Santidad el Papa
El Señor lo conserve y lo cuide!!!

Pascalle dijo...

Como te pierdas un día de leer el blog, estás perdido. Ahora leo este artículo. Ojalá que lo lea mucha gente.

Adaldrida dijo...

digo lo mismo que Pascalle... tres días de ná sin venir por aquí y mira lo que encuentro... muchas gracias.

Enrique Monasterio dijo...

Cinco años después de escribir estas líneas, hoy se asoma un anónimo y escupe.
¿Pretendes en serio que apruebe tu comentario? ¡Si al menos dieras la cara...!
Bienvenido al blog. Sigue leyendo y opinando, pero no salpiques, por favor.