lunes, 25 de mayo de 2009

En medio folio


Estamos donde estábamos. Este artículo tiene más de veinte años, pero sigue siendo de "palpitante actualidad"



Era verano. Hacía mucho calor, y yo salía de unos grandes y refrigerados almacenes. De pronto, sin previo aviso, una voz me gritó al oído:

—Padre, ¿qué opina usted de la eutanasia?

Un centímetro al sur de mi nariz brotó un micrófono redondo y amarillo como un helado de limón. No le di un lametazo porque también había una cámara de televisión.

—¿Tienes un vaso de agua?, respondí al fin.

—¿Cómo?

—…¿y una mesa?

El intrépido reportero parecía perplejo.

—Es que —continué—, para hablar de la eutanasia, necesito todo eso y al menos media hora. ¿Lo tenemos?

—Ya. ¿Y en dos palabras, no podría…?

—No. En dos palabras, lo más seguro es que sólo diga dos tonterías.

Es cierto; no estuve demasiado fino. Sírvame de descargo lo mucho que afectan a mis meninges los calores de Madrid. Pero, pensándolo bien, ¿qué otra cosa habría podido responder?

Yo creo entender a los informadores de todos los medios (¿cómo no, si, en el fondo, estoy en el oficio?), y me hago cargo de que, en esta profesión, la brevedad lo es todo. Pero a veces exageramos.

Un famoso periodista entrevistaba a un insigne oncólogo:

—En un minuto, doctor…, ya sabe que en la radio el tiempo es sagrado: ¿qué avances se han producido en la investigación sobre el cáncer en estos últimos años?

Ignoro la cara que puso el interpelado. Pero le sobraron 58 segundos:

—Algo hemos hecho…, contestó.

El problema no radica en que tengamos prisa, sino en que hemos perdido capacidad de atención. Dicen los psicólogos que el personal no aguanta más de diez minutos a la escucha sin desfallecer, y que, en letra impresa, pasarse de medio folio es perder un 80% de lectores. (Si la teoría es cierta, únicamente mi madre y mi sobrino Jon han llegado hasta esta línea).

Claro que no todo es negativo: Así, por ejemplo, aumenta nuestra resistencia frente a la televisión. Un ama de casa europea aguanta sin pestañear entre treinta y cuarenta spots de detergentes biodegradables, con tal de que se los sirvan antes del programa adecuado.

En cualquier caso, se diría que vamos hacia una cultura en comprimidos, hecha de titulares, de slogans y frases brillantes. Y es que parece imperar la tesis de que una afirmación es tanto más verdadera cuanto más breve. Todo lo que supere el medio folio es falso o, al menos, merecería serlo.

Resulta dramático comprobar hasta qué punto ha calado esta idea. Dar muchas explicaciones equivale a no tener razón. Lo simple suele identificarse, sin más, con lo verdadero. Naturalmente las consecuencias son dramáticas, porque existen verdades muy importantes para la vida del hombre que no es posible exponer en dos palabras.

Ignoro si la prensa es causa o víctima de tan singular epidemia. Pero la mayor parte de las falsedades que cuentan los medios de comunicación tienen su origen en esta necesidad de abreviar. Veamos un ejemplo:

El Papa elabora un documento de 200 páginas (*) fruto del trabajo de docenas de expertos que han dedicado años al asunto. Se redacta en quince idiomas tratando de matizar hasta el último adjetivo. Se traduce al latín, que, por ser una lengua muerta, es el congelador donde las palabras conservan el mismo significado por los siglos de los siglos. Por último, un docto eclesiástico lo presenta a los medios.

A partir de ese instante el texto empieza a ser desintegrado por las agencias, emisoras y periódicos. En pocas horas queda reducido a diez líneas y a un titular, que, en el mejor de los casos, será pobre e inexacto, y en el peor, completamente falso e incluso sesgado.

Esa frase-resumen se convierte, sin remedio, en punto de referencia único y obligado de cientos de diarios, de debates televisivos, de comentarios radiofónicos, etc. Ya casi nadie se referirá al documento original, que muy pocos habrán leído. Pero las seis u ocho palabras, que presuntamente lo sintetizan, irán de columnista en columnista y de tertulia en tertulia. Habrá incluso quien se atreva a pontificar sobre todo el Magisterio de la Iglesia con el único apoyo de un titular estúpido.

—Chica, a mi este Papa me parece la mar de conservador. ¿Has visto lo que dice sobre las mujeres?

—No. ¿Qué dice?

—Ay, hija, ya ni me acuerdo. Lo he oído en algún sitio. Pero es que la Iglesia está superpasada, ¿no crees?

El diálogo me trajo a la cabeza un viejo chiste de mi tierra; la historia de un aldeano taciturno que vuelve de Misa más tarde de lo habitual. El párroco ha pronunciado un sermón de dos horas.

—¿Y de que ha hablado?, le preguntan en el bar.

—Del pecado.

—¿En dos horas? ¿Y qué ha dicho pues?

—Que no es partidario.

Magnífico titular.

(*) Acababa de promulgarse la Carta Apostólica "Mulieris dignitatem", uno de los grandes documentos del pontificado de Juan Pablo II.

13 comentarios:

Isa dijo...

Tiene usted toda la razón, parece que las palabras nos incomodan o nos cansan y que ver imágenes,aun siendo absurdas, es mejor y más llevadero.
Así va la cultura de este país.
Lo que ha contado de la entrevista que le hicieron me ha recordado a algo que me pasó hace meses. Salía yo de hacer unas gestiones en una Consejería, cuando se para frente a mí un coche de cuya ventanilla se asomaba un micro y una cámara; no tuve reflejos para esquivarlo. Me preguntaron sobre la crisis y yo sí que dije sinsentidos...

verificator dijo...

Bravo!
Lo alquilo en mi blog.

chon dijo...

Es verdad que se necesita tiempo para explicar las cosas. Pero si se piensa que el que nos escucha es un niño ( o como un niño) también se pueden resumir las verdades en frases como "No somos dueños de la vida, no nos pertenece a nosotros, y por eso no podemos disponer de ella. Matar siempre está mal". Al que le interese ya preguntará más.

Anónimo dijo...

Hay preguntas que abarcan tanto que es difícil inventar un eslogan que lo contenga todo. Más que difícil es imposible. Pero el eslogan es lo que llega, porque es fácil de memorizar y no requiere esfuerzo de pensar.

Me ocurrió en clase. Vino un alumno nuevo que, ante los comentarios acerca de "lo mal que está el mundo, Facundo" contestó que sin embargo esta sociedad es la mejor de las que han existido porque la palabra "solidaridad" antes ni se conocía. A mi cerebro, normalmente lento, no le había dado tiempo a analizar ni el comienzo de la idea cuando la profe soltó de sopetón: "pues no lo había pensado. Tienes razón."
Ahí sí que mi cerebro estuvo rápido, porque la mala idea le hace superarse y pensé "esta ni lo había pensado nunca ni lo ha pensado ahora. Le ofrecen una idea feliz y la adopta sin más."

Así funcionamos.

PD. Cuando no tiene pájaros que le hagan perder el sueño ¿se los fabrica de papel?.

Enrique Monasterio dijo...

Isabel: con medio folio se puede hacer una pajarita. Y poco más

Anónimo dijo...

Esta cultura de comprimidos es la postmodernidad; dicen que ya no interesan los "grandes relatos" -los grandes sistemas metafísicos- sino los "fragmentos"; que fundamentar algo a fondo -dar razones y argumentar- es de fundamentalistas; no importa la inteligencia -leer dentro, en las cosas- sino el ingenio, las luces de bengala, los titulares que chisporrean y se apagan ... y a otra cosa mariposa.

Una duda y pregunta: Promulgar creo que significa, entre otras aceptciones, "publicar solemnemente un documento..." . ¿Mulieres dignitatem no fue promulgado hace tiempo?ignifica "promulgar"?

Enrique Monasterio dijo...

No entiendo bien la pregunta: La "mulieris dignitatem" fue promulgada en efecto en 1988. Y este refrito salió poco después.

lolo dijo...

Tenemos mucha prisa, todos.

Ya casi nadie sabe hacer pajaritas de papel, por ejemplo.

La encíclica sobre la dignidad de la mujer, no es fácil de explicar con frases cortas.

Nos falta ser...más lentos y pacientes.

Andrés Cárdenas M. dijo...

Excelente entrada D. Enrique. Lamentablemente quienes hemos trabajado en medios, principalmente escritos, estamos obligados a resumir algo en un titular, y siempre será una visión sesgada. El periodismo es subjetivo, es hecho por una persona.

MarianoC dijo...

¡Cuánta razón tiene Don Enrique!
Lo curioso es que tiene vigencia después de veinte años y ......¿Para cuántos más valdrá?

Anónimo dijo...

D. Enrique:

Si se tratase de otra semana, mejor dicho, de otra legislatura disfrutaría como siempre de su certero sentido del humor.

Es tan cierto lo que dice que me produce escalofríos. Tenemos un gobierno dispuesto a destruir al hombre, su dignidad y a la familia. Sea junto, revuelto, separado a la plancha el núcleo de cada nueva propuesta de Ley es una bomba destructiva.

El problema fundamental es que, si hace veinte años se creía que el 80% de los lectores no seguían leyendo más allá del medio folio, ahora se comenta que la sociedad completamenta "ipotizada" (estoy a completamente a favor del ipod y de las nuevas de la tecnologías siempre y cuando el sujeto no quede absolutamente "ipotizado" cual anestésico moral para no sentir ni padecer la desgracia que nos rodea), despolitizada e "inescandalizable".

Si el 80% de la población actual leyera medio folio sería una maravillosa noticia.

Es difícil defender con argumentos, la tv ha reduce la capacidad de reflexión a "0".

No me enrollaré más.

Pdta.: ¿no tendría algo en el "congelador" sobre el escándalo?. Personalmente las personas que no se escandalizan de nada me dan un miedo...

Diana Márquez Luna dijo...

ja jajajaja Entonces, que no es partidario, ya.
Me he saltado algunas líneas, ea, pero a cambio me he puesto al día en todos los posts.

X cierto, en lo del barça, se despeinarán un poquito, pero eso da igual.

Hurssel dijo...

Jejeje... cuentan que a Einstein otro periodista lumbreras le pidió que le explicase brevemente la teoría de la relatividad. El físico le contestó: ¿Usted sabe freír un huevo?

- Sí

- Pues antes de que yo le explique la teoría de la relatividad explíquenos cómo freír un huevo... Pero imagine que yo no sé lo que es un huevo, una sarten, aceite ni el fuego.