jueves, 5 de julio de 2012

El nombre


 ―…y cómo lo vais a llamar?
―Si es niño, Iniesta… Ya sabes, cosas de Paco.
―¿Y si es niña…?
―Lolita, como su abuela.
(Oído en la calle en vísperas de la semifinal de la eurocopa) 


Hace días, con ocasión de un bautizo, copié en la agenda un texto del profeta Isaías: estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas pronunció mi nombre.
Mientras preparaba la homilía, saqué el propósito de escribir algo sobre los nombres con que algunos padres parecen castigar a los recién nacidos. Poco después oí la conversación que reproduzco arriba y me dije que valía la pena ponerme algo más serio que de costumbre.
¿Pensáis que el nombre no tiene importancia?
En cierta ocasión, durante otro bautizo en el que me encontré rodeado de niños, para que se estuvieran quietos durante la homilía, decidí conversar con ellos:
―¿Sabéis por qué vamos a dar un nombre a este niño?
Uno de los de la primera fila levantó la mano y contestó sin dudarlo.
―Para que conteste cuando le llamemos.
Era una respuesta llena de sabiduría a la que yo debería haber sacado más partido haciendo otra pregunta:
―¿Y quién será el primero que llame por su nombre a este niño?
Seguro que el chaval habría acertado. Porque, en efecto, es Dios mismo el que le interpela antes que ninguna otra criatura.
La Biblia, al narrar la creación del hombre, nos descubre ese misterio tremendo e inefable: que Dios es nuestro interlocutor; que el Creador nos habla y que podemos responderle. La razón es que hemos sido hechos a imagen y semejanza suya. De ahí que tengamos un nombre, el que Dios mismo nos pone desde toda la eternidad, el que nos define, nos identifica y nos distingue de las demás criaturas. Es cierto que Dios ama todo lo que ha creado: las estrellas, los animales, las plantas, y hasta el sonido de la brisa y las puestas de sol en el océano; pero sólo el hombre es amado por sí mismo y no como parte de un conjunto. La criatura humana puede conocer el nombre de su Creador y hablar con Él de tú a tú.
Yo te he redimido y te he llamado por tu nombre. Tú eres mío, dice también el Señor por boca del profeta Isaías. Esa referencia al “nombre” es una constante en toda la Sagrada Escritura. Juan debía llamarse Juan y no Zacarías como pretendían sus vecinos; Jesús se llamó así porque el Ángel se lo impuso a María y después a José; Simón pasó a llamarse Pedro…
Y, al que venciere ―concluye el Apocalipsis― yo le daré (…) una piedrecita blanca y en esa piedrecita escrito un nombre nuevo que nadie conoce sino aquel que lo recibe. Ese último nombre es también el primero, el que Dios nos puso antes de la creación del mundo; el que define el sentido de la propia vida: la vocación.
Es evidente que los padres cristianos no pueden conocer ese nombre “secreto” que Dios nos tiene reservado, pero son conscientes de que "nombrar" a un niño es mucho más que decorarlo con una palabra biensonante; es señalarle un camino y otorgarle un protector que lo acompañe siempre. Por eso suelen buscar nombres de santos o advocaciones marianas.
El ambiente secularizado o declaradamente laicista ha venido a enturbiar un poco las cosas. Hace un siglo más o menos se pusieron de moda los nombres de personajes célebres, que nada tuviesen que ver con la religión o con la Iglesia. En América sobre todo la epidemia hizo estragos. Ahora privan las denominaciones sacadas de los montes, los valles, los bosques… Todo muy mono, muy new age.
Lo más paradójico es que, mientras algunos niños salen a la calle con nombres de gato, las mascotas reciben nombres de santos. En mi propia finca había hace años una vecina que tenía dos preciosos galgos a los que llamaba “Felipe” y “Alfonso”. Y a cien metros de casa he localizado un Fox Terrier llamado José Luis.
Me sugiere Kloster que quizá alguien se sienta ofendido por lo que he escrito. Si así fuese le pido perdón; pero tal vez algún otro reflexione y cambie ese nombre de pájaro que tenía previsto para su retoño por otro menos sonoro. 

22 comentarios:

yomisma dijo...

Uno es el nombre que te ponen tus padres al nacer, otro el que un tío puso en el registro, otro mas el que, en el furor del pavo mas encendido, decides cambiarte en la confirmación. Pero el definitivo de la vida es el el nombre cibernetico por el que te conocen. Te lo digo yo-misma.

P. Albrit dijo...

Mi Señora madre:
- Tepaece'a tí cómo le han puesto a la criatura... ¡Luna!
- Bueno, hay una advocación de la Virgen que se llama así...
- Sí, pero es que la perrita se llama Lola.

Literal.

Preghiamo!

Antonio dijo...

En mi familia tenemos por costumbre poner a los niños el mismo nombre de sus padres, abuelos, tios.....
Me hace mucha gracia como la gente de hoy suelen huir de esa bonita costumbre, alegando que no es moderno, que no es practico, que no les gustan esos nombres rancios o antiguos......
Yo me siento muy orgulloso de llevar el mismo nombre que mi padre, abuelo, bisabuelo........
No se me ocurre un homenaje mejor hacia ellos, claro que esto también puede sonar rancio.....jejejeje

Mercedes dijo...

Nosotros estuvimos pensando nombres para nuestro segundo hijo, antes incluso de que estuviera embarazada (el primero se llama como su padre y su abuelo). Después de mucho darle vueltas llegamos a la conclusión de que Blanca si era niña y Santiago si era niño. Fue niño y le pega muchísimo el nombre: es como un hijo del Trueno. Lo malo es que siendo tan apropiado y tan precioso el nombre y a pesar de que siempre digo que no lo hagan... todo el mundo le llama Santi. ¡Buaaa!

Asumpta dijo...

En mi família,los repiten,nombres de padres,tios abuelos.Yo me llamo como mi madre y mi abuéla,y así,hablamos de la famía"Carlos padre o Carlos hijo" ...Lo que no entíendo,con lo que me gustan los perros,es que lleven nombres de santos.Anecdota:Mi vecina Clara,buenisima,rescató un galgo maltrecho y escualido,le denomino Gandhi,pues yo le llamo patitas.Lo veo un poco falta de respeto,manias tontas,pero no me las quiero quitar.

pacita.. dijo...

NO Kloster no nos ofendemos; y por que no ha hablado de las Jessicas y los Kevins.............yo también tengo un Santi

Anónimo ocasional dijo...

Esto seguro que me lo censura, pero aún así lo escribo porque lo pienso desde hace mucho:

Usted siempre dice, ya lo escribió en el Belen que puso Dios, que Dios pensó en nosotros, nos puso el nombre desde toda la eternidad, desde antes de la creación del mundo. Y siempre cuando leo esto me viene a la mente lo siguiente:

Y ¿Qué pasa con aquellos niños que nos empeñamos en traer al mundo, utilizando cualquier adelanto médico que tenemos al alcance con independencia de su valoración ética? Esos niños inicialmente “no estaban” en el plan inicial de Dios, Dios no “contaba” con ellos, pero existen por las decisiones libres tomadas por sus padres.

A mí me gusta pensar que estos niños tienen un plan especial pensado por Dios para ellos, que están “pensados a posteriori” con mas amor porque surgen del error (en realidad debería de decir pecado) de sus padres en empeñarse en ”querer ser como dioses”.

Seguramente habré escrito cantidad de incorrecciones teológicas y algunas burradas, pero no encuentro mejor manera de explicarme.

Yo lo dije, seguro que me lo censura, pero no sufra por ello y dele a la tecla.

Cordelia dijo...

Ay, madre, los que yo he visto... Midólar, se llamaba una (¿Te gusta? Me lo he inventao yo...). Brayan, Leodan, Dayana. E Izan que está ahora tan de moda... es Ethan, para hispanoparlantes. Y más new age: Azul, Abril, Luna, Lola, Teo, Nube...

Antuán dijo...

Nombres tio nombres se suele decir. Perdone d. Enry que solo he leido entrelineas pero no dispongo mucho tiempo de ordenata bastante ganga esque me deja mi sobrina. Eso de que: que tu eres mio. me gusta aunque vaya por todos te lo tomas como algo personal, es bueno. ¡Gracias! Adiosle

AleMamá dijo...

Es un tema muy serio sobre el que también he meditado bastante.

Qué bueno que lo trate Ud. acá.

Enrique Monasterio dijo...

Anónimo: todos los niños son queridos por Dios. Todos son imagen suya. Su alma inmortal es creada por Él de la nada. Aunque sean el fruto de un adulterio o de un laboratorio.

Verónica dijo...

En urgencias del hospital La Paz, llevé el otro día a mi hija Teresa. La enfermera, al oír el nombre, sonrió encantada. Me dijo: ¡Menos mal que hay todavía algún nombre "normal"! He tenido que sufrir aquí nombres de niños como "Johnnywalker" y "Queenmary" (como el whisky y el barco, respectivamente). Esto es autentico.
Parece, esto de los nombres, como la peste bubónica.

Àlex N. Everett dijo...

¿Y si es un chico adoptado y le cambian el nombre?

Clo dijo...

Ofender no ofende y sobre esto pensamos muchísimo mi marido y yo. Es muy importante otorgar un nombre a un niño, lo llevará toda la vida y por él le conocerán.
Ethan me gusta mucho, pero vamos, los Ízan que hay por ahí me ponen mala...jajaja
Sólo hay un nombre que nos agrada muchísimo a los dos y que no me atrevo porque aunque sea bíblico suena tambié muy 'newage', por ser poco conocido aquí. Es Set. Mi marido dice que el próximo niño será Set, que desde siempre nos ha gustado, yo no sé si finalmente me atreveré.

Con el primero no hubo duda, su padre tenía un asunto pendiente y se llamó Pedro. La niña fue más complicado y al final volvimos al que siempre nos había gustado, Inés. Cuando Dios decida enviarnos un tercero... que sea lo que Él quiera, pero que por favor nos asista en la elección.


pd: el perro de mis vecinos se llama Óscar

Un abrazo!

Papathoma dijo...

Por mi trabajo también conozco muchos nombres...curiosos. Me dio por pensar: ¿y si alguno de estos llega a cura?

No hace mucho ya conocí a un D.Iván -es de una hornada anterior-... pero,¡¡¿qué haremos cuando nos llegue un D. Yonatan (sic)?!!

En esas estaba cuando me dijeron que en mi época lo de poner "Olga" a las niñas, era como las Jessicas o Vanessas de después. ME RESISTO A CREERLO, JEJJEJE.

Cordelia dijo...

Anda, guapa, no fastidies, yo tengo una tia-abuela Olga que no baja de los 90 años. Besos y abrazos y ánimo

Anónimo dijo...

Pues, no se... sere muy pasota, pero me parece poquisimo importante.
Hasta donde yo se, Jonathan ES nombre biblico, hebreo creo... y , aunque no lo sea, no se que tiene de malo.... no les gusta? pues para gustos los colores, a mi tampoco me gusta Olegario, ni Eugenio... y no por eso veo mal que alguien se lo ponga a su hijo....
Humildad, y amor... el resto es bastante superfluo... de hecho, vernos con autoridad para censurar los nombres que los demas ponen a sus hijos... creo que supone pecado de soberbia (por creernos mejores al emplear nombres de santos)

Enrique Monasterio dijo...

Lamento que no hayas entendido nada de lo que he escrito

Papathoma dijo...

No estaba criticando, Anónimo-posterior-al-comentario-de-Cordelia, más bien era una broma...

Ya ves que tampoco critico a los que no usan un nick o apodo para poder entendernos: ni Cordelia se llama así, ni otros muchos...pero los nombres -o los apodos- sirven entre otras cosas, para poder comunicarse de manera personal.

Criticar, no, pero se puede opinar, ¿no? porque la época de "Cristal" para niñas por la serie del mismo nombre, hizo estragos, jejjeje...claro que mi tía se llama Celia porque mi abuela materna de aquellas era una fan de este personaje literario, aunque para gustos, efectivamente, se hicieron los colores. :):)

pacita.. dijo...

Es que sigo con mi teoría de los anónimos !!!! es que tanto hablar de nombres y tú no tienes uno?

Anónimo dijo...

Lo siento. No había leído bien la entrada. No doy mi nombre, pq me da vergüenza. Desde ahora me llamaré Popea

Anónimo dijo...

A mí mis padres me pusieron ei mismo nombre que a mi abuelo. Y me he encomendado a la intercesión de mi santo Patrón, un obispo mozárabe que recorrió España en el siglo XII, en infinidad de ocasiones con excelentes resultados. Al llamar a mis hijos como su madre y yo decidimos, pensamos en ponerlos bajo el patronazgo de una martir y del fundador de una hermosa Orden que florece hace muchos siglos. En ambos casos parece como si sus santos patronos les protegieran.